Durante el confinamiento, fueron muchas personas las que apuntaron que este problema con el que hoy nos encontramos, les había dado alguna que otra lección. Pero, como parece que algunas de esas lecciones se nos han olvidado ya, no hubiese estado mal ponerlas por escrito.
Predicando con el ejemplo, a mi esta pandemia me ha dado una importante, que relato a continuación:
Era el primer día que bajábamos a la calle después de dos meses encerrados en casa casi sin ver la luz del día, bajé con mi madre a caminar por el Paseo de Rosales en Madrid y recuerdo que yo estaba muy triste.
Le dije:
“Mamá, no sé qué futuro nos espera, yo no quiero vivir en un mundo así, ni sé a qué mundo he traído a Irene”.
Mi madre me miró y me dijo:
“Noa, imagina que hubieses nacido en un país en guerra, ¿tú te das cuenta que hay personas que nacen y mueren sin conocer ni un minuto qué es la PAZ”?
En ese momento, empecé a pensar en esas personas que viven en “una pandemia constante” , que nacen en medio de conflictos bélicos, o en sitios donde se pasa hambre, donde no hay sanidad de ningún tipo; y pensé que mi madre tenía toda la razón del mundo.
Seguro que ella no sabe lo que es la psicología cognitivo-conductual, ni conoce sus técnicas, ni ha leído libros de eso, pero, en ese momento, para mí, se convirtió en el mejor de los psicólogos, ya que me ayudó a NO TERRIBILIZAR. (como dice Rafael Santandreu en sus libros).
Las circunstancias que vivimos son las que tenemos (o hemos provocado) y hay que encontrar la mejor manera de afrontarlas.
Delante de un mismo problema, dos personas distintas, mi madre y yo, teníamos dos maneras muy diferentes de afrontarlo; siendo el problema el mismo. Y esto sucede siempre.
Imaginaos por ejemplo un trabajo, hay personas a las que un trabajo les produce estrés y a otras no, hay personas a las que un comentario les afecta y otras se lo pasan por el mismísimo. Pues con esta nueva normalidad también pasa.
La mente es muy poderosa y son los pensamientos, los que, internamente, pueden cambiar una realidad, que es la misma para todos. Depende de nosotros el cómo nos la tomemos.
Esto no significa que no podamos estar tristes o de bajón, tenemos todo el derecho del mundo, pero, antes de pensar que todo se ha ido a la mierda, tengamos en cuenta lo afortunados que somos.
Hasta ahora, los habitantes del primer mundo nos creíamos invencibles e igual que sucede con otras especies, a veces, la naturaleza se reajusta para encontrar su equilibrio. Un equilibrio que muchas veces nosotros hemos roto con nuestra irresponsabilidad constante para con el medio ambiente. Lo que pasa es que se nos da muy bien mirarnos el ombligo, como yo misma estaba haciendo.
Así que miremos al frente y afrontemos esta realidad de la manera más creativa que podamos.

