
Desde que he sido madre no tengo tiempo de leer nada, pero sí, leo y veo numerosa información digital , en parte, para inspirarme en los post y, por otro lado, porque necesito poder acabar lo que empiezo a leer.
Mi consumo de información se reduce a blogs, noticias en redes sociales y pequeños artículos.
Como sabéis, soy mega fan de @lasclavesdesol;un día,en sus stories, hablaba del SINDROME DE LA IMPOSTORA. Así que, me puse a investigar sobre el tema.
Empecé a leer sobre ello, eché la vista atrás y empecé a pensar que yo he tenido y aún tengo sindrome de la impostora.
Podéis buscar mucha información en internet, pero, básicamente, es creer que uno es peor que los demás, que no está preparado para un trabajo para el que ha sido elegido, que no es capaz de superar un examen cuando es un estudiante brillante. Es pensar que uno es un fraude, a pesar que las evidencias que ven los demás, dicen todo lo contrario.
Cuando empecé la carrera en una universidad privada de gente de alto potencial, pensé que había pasado el examen de acceso a la misma de chiripa.
Luego llegué a mi clase, donde la nota media era de sobresaliente o matrícula; siempre me agobiaba con los estudios creyéndome menos que los demás, cuando las evidencias decían todo lo contrario. Aprobé todas en primero, aprobe a la primera una asignatura hueso que solo aprobamos 6 en clase con una puntuación alta y acabe las dos carreras con nota media de notable alto.
Y, aun así, en mi mente, había tenido suerte en el examen final y me había requerido más esfuerzo que los demás y un sin fin de excusas mentales que me hacían no merecedora de aquel mérito.
Esto también me pasó en numerosas ocasiones en mi vida profesional; siempre que me ofrecían una oportunidad, sentía que se habían equivocado, que me habían valorado por un hecho o circunstancias puntuales que no se correspondían con la realidad, y que iba a ser incapaz de desempeñar el puesto que me habían adjudicado. Que no iba a poder. Y, no solo fui capaz, sino que siempre conseguí cosas que mi antecesor no había podido o sabido alcanzar o gestionar.
Y la verdad, si alguien me hubiera ayudado, si alguien me hubiera hablado de este síndrome o si yo hubiese tenido la capacidad de pedir ayuda, o hubiese, simplemente leído sobre el tema antes, quizás las cosas hubieran sido diferentes.
Es una pena que en nuestra educación nos formen tanto en conceptos y materias teóricas y que nadie se haya ocupado de nuestra educación emocional o de dar un apoyo similar a lo que se hace en coaching desde la niñez.
Seguro que hay grandes talentos desperdiciados por padecer el síndrome de la impostor, que por cierto, es muy común entre las mujeres ( hay que echar un ojo aquí a como nos educan o a qué rol se nos asigna, aunque sea de manera subliminal, cuando crecemos).
No todo es malo cuando padeces dicho síndrome; ya que las personas que lo padecemos, tenemos una gran capacidad de mantener los pies en la tierra; pero, si queremos liberar nuestro potencial debemos vencer al impostor y comenzar a ser conscientes de nuestros logros.
Así que termino con dos recomendaciones, o mejor dicho, auto-recomendaciones:
Escribir nuestros logros en un papel para tomar consciencia de ellos y , sobre todo,
GRANDES dosis de AUTOAMOR


Graciasss por este artículo, era justo lo que hoy necesitaba leer! En muchas ocasiones me siento identificada y la verdad que desconocía por completo el síndrome de la impostora y voy a seguir indagando, mil gracias por esta aportación!
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Gracias a ti Pili por leerme ❤️
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Conozco el síndrome… y además muy creo que está muy presente en los gallegos… y como tú bien comentas más presente en las mujeres… Nos han educado en la máxima humildad lo que ha provocado un sentimiento de inferioridad que llevamos implícito. Debemos trabajar para ser conscientes de ello y que esta creencia no limite nuestros éxitos.
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