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Puede ser que la conozcas …

Es día de Reyes y vuelvo de comer fuera. Irene se ha dormido en el coche y, para que no se despierte, decido dar un paseo por mi barrio, por el famoso Parque del Oeste.

El parque ha empezado a recordarme a confinamiento y a pandemia, por aquí era por donde hacía mis paseos, y, de repente, he empezado a pensar en cómo era Madrid.

Ese Madrid caótico, el Madrid de gente, de nuevos restaurantes, de cine los domingos, de Brunch in the Park, de Orgullos en Chueca, de paseos por el Retiro y de chocolate con churros en San Ginés.

En Madrid se vive en la calle, es la ciudad perfecta para almas callejeras como la mía, amantes de la gran ciudad, a las que les gusta sentirse anónima, donde puedes conocer gente nueva y siempre interesante, distinta. Por eso, a pesar de tener una niña, me resisto a abandonarla para vivir en las afueras.

Sin embargo, Madrid está enferma, ha dado positivo en COVID 19 y está irreconocible , está en la UCI luchando por su vida, por ser la de antes.

Quizás se está limpiando de contaminación, de precios de alquiler astronómicos, y haciendo pensar a sus habitantes en que deben cuidar de ella un poquito más.

Pero saldrá de esta, y saldrá con fuerza, limpia renovada. Volverá a ser como la describe una maravillosa canción de Marwan.

“Ella es frenética, está corriendo siempre
Puede que un día la hayas visto madrugar
Pero de noche no hay un alma que la acueste
Se emborracha fácilmente, siempre encuentra abierto un bar

Ella es caótica, cercana y orgullosa
Te hará pensar que baila sólo para ti
Puede ser que la conozcas, si te digo que su nombre es Madrid”

Vamos … arriba Madrid!

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EL SÍNDROME DE LA IMPOSTORA

Desde que he sido madre no tengo tiempo de leer nada, pero sí, leo y veo numerosa información digital , en parte, para inspirarme en los post y, por otro lado, porque necesito poder acabar lo que empiezo a leer.

Mi consumo de información se reduce a blogs, noticias en redes sociales y pequeños artículos.

Como sabéis, soy mega fan de @lasclavesdesol;un día,en sus stories, hablaba del SINDROME DE LA IMPOSTORA. Así que, me puse a investigar sobre el tema.

Empecé a leer sobre ello, eché la vista atrás y empecé a pensar que yo he tenido y aún tengo sindrome de la impostora.

Podéis buscar mucha información en internet, pero, básicamente, es creer que uno es peor que los demás, que no está preparado para un trabajo para el que ha sido elegido, que no es capaz de superar un examen cuando es un estudiante brillante. Es pensar que uno es un fraude, a pesar que las evidencias que ven los demás, dicen todo lo contrario.

Cuando empecé la carrera en una universidad privada de gente de alto potencial, pensé que había pasado el examen de acceso a la misma de chiripa.

Luego llegué a mi clase, donde la nota media era de sobresaliente o matrícula; siempre me agobiaba con los estudios creyéndome menos que los demás, cuando las evidencias decían todo lo contrario. Aprobé todas en primero, aprobe a la primera una asignatura hueso que solo aprobamos 6 en clase con una puntuación alta y acabe las dos carreras con nota media de notable alto.

Y, aun así, en mi mente, había tenido suerte en el examen final y me había requerido más esfuerzo que los demás y un sin fin de excusas mentales que me hacían no merecedora de aquel mérito.

Esto también me pasó en numerosas ocasiones en mi vida profesional; siempre que me ofrecían una oportunidad, sentía que se habían equivocado, que me habían valorado por un hecho o circunstancias puntuales que no se correspondían con la realidad, y que iba a ser incapaz de desempeñar el puesto que me habían adjudicado. Que no iba a poder. Y, no solo fui capaz, sino que siempre conseguí cosas que mi antecesor no había podido o sabido alcanzar o gestionar.

Y la verdad, si alguien me hubiera ayudado, si alguien me hubiera hablado de este síndrome o si yo hubiese tenido la capacidad de pedir ayuda, o hubiese, simplemente leído sobre el tema antes, quizás las cosas hubieran sido diferentes.

Es una pena que en nuestra educación nos formen tanto en conceptos y materias teóricas y que nadie se haya ocupado de nuestra educación emocional o de dar un apoyo similar a lo que se hace en coaching desde la niñez.

Seguro que hay grandes talentos desperdiciados por padecer el síndrome de la impostor, que por cierto, es muy común entre las mujeres ( hay que echar un ojo aquí a como nos educan o a qué rol se nos asigna, aunque sea de manera subliminal, cuando crecemos).

No todo es malo cuando padeces dicho síndrome; ya que las personas que lo padecemos, tenemos una gran capacidad de mantener los pies en la tierra; pero, si queremos liberar nuestro potencial debemos vencer al impostor y comenzar a ser conscientes de nuestros logros.

Así que termino con dos recomendaciones, o mejor dicho, auto-recomendaciones:

Escribir nuestros logros en un papel para tomar consciencia de ellos y , sobre todo,

GRANDES dosis de AUTOAMOR

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LECCIONES DE VIDA DE LA PANDEMIA

Durante el confinamiento, fueron muchas personas las que apuntaron que este problema con el que hoy nos encontramos, les había dado alguna que otra lección. Pero, como parece que algunas de esas lecciones se nos han olvidado ya, no hubiese estado mal ponerlas por escrito.

Predicando con el ejemplo, a mi esta pandemia me ha dado una importante, que relato a continuación:

Era el primer día que bajábamos a la calle después de dos meses encerrados en casa casi sin ver la luz del día, bajé con mi madre a  caminar por el Paseo de Rosales en Madrid y recuerdo que yo estaba muy triste.

Le dije:

“Mamá, no sé qué futuro nos espera, yo no quiero vivir en un mundo así, ni sé a qué mundo he traído a Irene”.

 Mi madre me miró y me dijo:

“Noa, imagina que hubieses nacido en un país en guerra, ¿tú te das cuenta que hay personas que nacen y mueren sin conocer ni un minuto qué es la PAZ”?

En ese momento, empecé a pensar en esas personas que viven en “una pandemia constante” , que nacen en medio de conflictos bélicos, o en sitios donde se pasa hambre, donde no hay sanidad de ningún tipo; y pensé que mi madre tenía toda la razón del mundo.

Seguro que ella no sabe lo que es la psicología cognitivo-conductual, ni conoce sus técnicas, ni ha leído libros de eso, pero, en ese momento, para mí, se convirtió en el mejor de los psicólogos, ya que me ayudó a NO TERRIBILIZAR. (como dice Rafael Santandreu en sus libros).

Las circunstancias que vivimos son las que tenemos (o hemos provocado) y hay que encontrar la mejor manera de afrontarlas.

Delante de un mismo problema, dos personas distintas, mi madre y yo, teníamos dos maneras muy diferentes de afrontarlo; siendo el problema el mismo. Y esto sucede siempre.

Imaginaos por ejemplo un trabajo, hay personas a las que un trabajo les produce estrés y a otras no, hay personas a las que un comentario les afecta y otras se lo pasan por el mismísimo. Pues con esta nueva normalidad también pasa.

La mente es muy poderosa y son los pensamientos, los que, internamente, pueden cambiar una realidad, que es la misma para todos. Depende de nosotros el cómo nos la tomemos.

Esto no significa que no podamos estar tristes o de bajón, tenemos todo el derecho del mundo, pero, antes de pensar que todo se ha ido a la mierda, tengamos en cuenta lo afortunados que somos.

Hasta ahora, los habitantes del primer mundo nos creíamos invencibles e igual que sucede con otras especies, a veces, la naturaleza se reajusta para encontrar su equilibrio. Un equilibrio que muchas veces nosotros hemos roto con nuestra irresponsabilidad constante para con el medio ambiente. Lo que pasa es que se nos da muy bien mirarnos el ombligo, como yo misma estaba haciendo.

Así que miremos al frente y afrontemos esta realidad de la manera más creativa que podamos.

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LA VERDADERA AMISTAD

Este verano tan extraño que acabamos de vivir, he estado pensando mucho sobre este tema.

Un día estaba viendo en instagram las stories de la escritora Sol Aguirre de @lasclavesdesol; sus followers le preguntaban que cómo hacía para desarrollarse tanto profesionalmente, tener dos hijos y además tener tiempo para los amigos.

Su respuesta me hizo pensar. “Siempre saco tiempo para los amigos que merecen la pena.  Solo me focalizo en aquellos con quien realmente quiero pasar mi tiempo.” Por supuesto, estas no eran sus palabras exactas, es mi particular versión de lo que dijo y lo que a mí se me quedó en la cabeza y, desde luego, me sirvió para ordenar mi vida conforme con mis valores.

Ahora soy madre y mi hija y mi trabajo ocupan gran parte de mi tiempo, pero lo último que quiero es descuidar a mis amigos, ya que  también soy mujer, amiga, amante y pareja. Mis amigos son parte de mi identidad y ser madre no implica para nada perder la IDENDIDAD PROPIA. Aunque suene a tópico, los amigos son la familia que se elige. Son con los que compartes alegrías y penas, con los que te diviertes y creces como persona. Son los que te dan la mano en un fracaso y los que comparten la alegría por un éxito.

Tras esta reflexión interna, decidí inagurar la “nueva agenda post-maternidad” y, pensando esto, decidí echar la vista atrás y hacerme una serie de preguntas:

Pero a ti, ¿con quién te apetece compartir estos huequitos de esta nueva agenda?

¿Con quién te apetece realmente estar?

¿Quién está ahí siempre aunque geográficamente este lejos?

¿Quién se alegra de la que te vaya bien, sin envidias?

¿Con quién realmente te diviertes?

En definitiva: ¿CON QUIÉN TE HACE ILUSIÓN QUEDAR, DE VERDAD DE LA BUENA?

Inmediatamente vinieron a mi mente un montón de recuerdos:

ESCENAS DE VIAJES PASADOS, viajes en lo que me lo pasé como los indios, viajes en los que me aburrí como una planta y viajes a los que nunca debí haber ido porque me sentí mal y totalmente fuera de lugar.

PROYECTOS E INTENTOS DE EMPRENDER, quién me dio apoyo, quién no me lo dio de manera constructiva y quién incluso intentó humillarme riéndose de mí.

EXITOS Y FRACASOS, Quién compartió la alegría por mis éxitos y quién me dio la mano para levantarme de un fracaso.

QUEDADAS VARIAS. Con quién, cuando nos vemos, me echo unas risas.

DISCUSIONES, Con quién discutí pero lo arreglamos porque en el fondo era una tontería, sin dramas, solo con una simple conversación.

METEDURAS DE PATA, Quién me echo una bronca que me puso a temblar porque me la merecía.

RECONCILIACIONES Quién me hizo daño y me pidió perdón. A quién hice daño y le pedí perdón.

Y así, pensando, pensando empecé a vaciar la agenda. Borré algunas amistades de las mal llamadas de toda la vida practicando el desapego. Borré compromisos absurdos y borré a la gente que se de sobra me hace sentir mal pero que por convicciones tontas seguían ahí.

A medida que borraba e iban apareciendo huecos en esa agenda nueva, se iban llenando. Y de repente, tenía otra vez la agenda llena.

Algunos estaban en la agenda vieja y otros eran nuevos amigos y habían llegado para quedarse. Pero viejos y nuevos, todos, tenían un común denominador: todos me aportan,  me hacen crecer y me hacen sentir imprescindible en su vida como ellos lo son en la mía.

Vino a mi pensamiento una frase que se dice mucho en las clases de yoga “HAY QUE APRENDER A SOLTAR PARA PERMITIRNOS RECIBIR”.

Nos apegamos a ciertas amistades y, a veces, ese apego, no nos permite darnos cuenta de a qué y a quién queremos dedicar realmente nuestro tiempo, que es valioso y escaso.

Y me quede con eso en la mente: SOLTAR, DEJAR IR lo que ya no se sostiene por si mismo para ser libre y para RECIBIR lo que está por llegar.